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Soy trabajadora doméstica en España

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por IDWFINFO Última modificación 15/01/2015 02:44
He quedado con Teresa Moreno en una placita del barrio de Tetuán, en Madrid, una zona de gran diversidad cultural donde residen muchos inmigrantes, especialmente latinos.

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Esta ecuatoriana fuerte y decidida vino de Guayaquil a España en el año 2000 con mucha ilusión en la maletay pensó que estaría de regreso en dos o tres años con bastante dinero ahorrado. Sin embargo, la situación que encontró aquí fue muy diferente.

Como muchas mujeres inmigrantes no tenía papeles y encontró trabajo en el sector doméstico, un sector en el que más del 80% de personas empleadas son mujeres (la mayoría inmigrantes). Comenzó haciendo suplencias y cuidando de personas mayores por periodos cortos de tiempo. Cuenta que estaba intentando conseguir los papeles por arraigo y que el mismo día que le iban a conceder la tarjeta, falleció la señora a la que estaba cuidando. ‘Yo fui a hablar con la hija y me dijo que no, que ya se había muerto su mamá, que ya no. Yo le decía a la señora: “aunque sea usted me contrata de nuevo, me firma… y yo pago las cuotas de la Seguridad Social’. Pero ella decía que no, que no y que no. Y como yo hay muchas que se han quedado sin papeles’, recuerda. Tras varios intentos consiguió la tarjeta de residencia, pero hasta ese momento la posibilidad de que la deportaran había estado siempre presente.

Teresa denuncia que privacidad del hogar y la vulnerabilidad de las mujeres trabajadoras, que en la mayoría de ocasiones no tienen ‘papeles’ y necesitan desesperadamente mantener una relación laboral estable para poder obtenerlos, es el pretexto perfecto para que se cometan abusos. Uno de los más frecuentes es que no las den de alta en la Seguridad Social. Y ahora, con la crisis es aún peor. Teresa denuncia que las mujeres se han convertido en una especie de máquina multiuso que por menor sueldo hacen más cosas: cuidan a personas mayores, limpian la casa, cocinan y cuidan a los niños.

Para evitar esta situación, Teresa tiene claro que lo fundamental es que las mujeres conozcan sus derechos laborales. Desde que conoció el Centro Pueblos Unidos, Teresa acude todos los sábados a las sesiones de trabajo. Allí, Teresa ha encontrado el respaldo de otras mujeres en su misma situación que se han convertido en su gran familia. Con la formación en derechos laborales, los cursos y la bolsa de trabajo que les proporciona el centro han aprendido a defender sus derechos y a quererse como mujeres. Su objetivo es exigir que se las vea como trabajadoras a las que hay que tratar con respeto. “No queremos pedir porque pedir es para que nos regalen. Es obligar a que nos den nuestros derechos, a que nos solucionen cosas”, afirma.

Actualmente, Teresa aporta su experiencia en Pueblos Unidos a las recién llegadas para que no admitan ni soporten los abusos laborales a los que los españoles y españolas sometemos en muchas ocasiones a las empleadas domésticas. ¿De verdad no somos capaces de reconocernos en estas mujeres que han dejado su hogar en busca de mejores oportunidades? Teresa bromea y dice que ahora con la crisis ya no sólo recomienda a las inmigrantes que vayan a Pueblos Unidos, también se lo dice a cualquier española a la que ve en apuros.

A Teresa aún le queda algún tiempo hasta que pueda regresar a Ecuador, algo que anhela. Yo sé que cuando regrese las mujeres inmigrantes se quedaran sin una gran defensora, pero espero que para entonces la situación laboral haya mejorado para todos y todas. ¿Será verdad?

Por Laura Martínez Valero

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Story Type: News

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